La Carissa es originaria de Sudamérica y es también plantada en algunas partes de América, una fruta que se puede comer cruda, pero también se puede cocinar utilizándolo así en nuestras recetas diarias.

Algunas personas disfrutan de la Carissa utilizándolas en recetas de repostería principalmente en mermeladas y pasteles, gracias a que su sabor es ligeramente dulce como si se tratase de un arándano con la textura de una fresa madura, pero también suele dar el sabor en casos, dada la madurez de la fruta, a parecerse a una cereza inmadura.

Esta fruta también puede ser utilizada primero por su gran sabor y por su bajo nivel de colesterol que aporta al cuerpo humano también aportando vitaminas C y B, aportando calcio para los huesos y por la gran ventaja a la hora de utilizarlo en dietas por su bajo nivel de grasa.

La Carissa puede llegar a ser difícil de cultivar porque la planta repele una savia lechosa cuando se corta un brote, y sus bayas tienen una vida útil muy corta, haciendo que sus frutos sean frágiles a la hora de recolectarlos y transportarlos. Por eso su difícil cultivo hace que su valor global en el mercado sea muy potencial por los agricultores africanos.

Otra de las ventajas que ofrece al cuerpo humano es su ventaja proteger los dientes de las caries y evita enfermedades en las encías, fortalece las uñas y disminuye el riesgo de depresión.

El consumo de frutas siempre se ha conocido para mejorar nuestra salud y nos mantienen sanos aportando los nutrientes diarios que necesitamos previniendo del envejecimiento prematuro y nos ofrece otros beneficios haciendo que la Carissa forme parte de nuestros nutrientes y dietas diarias.